El Club Ritmo moldea parte del talento hispanoamericano en el CAR de León

La entrenadora Carolina Fernández (2d) con las gimnastas Eduarda Carvalho (i), de Brasil, la chilena Antonia “Tonia” Echeverría (d), y la argentina Sol Andrea Martínez Fainberg (2i), en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de León donde siguen entrenamientos con el club Ritmo. EFE

León (España, 24 mar (EFE).- El Club Ritmo de León no solo puede presumir de ser una de las mejores canteras de la gimnasia rítmica española y de sus medallas y los dos títulos de clubes en otras tantas ligas disputadas, sino que también está empeñado en expandir su “sello de identidad” a otros países, principalmente de Hispanoamérica.

Países como Venezuela, Guatemala, Costa Rica, Colombia o México, ya han probado las “excelencias” del método, junto con otros europeos como Georgia o Eslovenia dentro de periodos de concentración o atrayendo a algunas de sus gimnastas.

Aprovechando la excelencia de las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de León, que se ha convertido en la sede de sus mejores gimnastas, todas ellas internacionales con España, su entrenadora, Ruth Fernández, ha querido compartir su modo de entrenamiento.

A ello se une la enorme ventaja de tener como estandarte a toda una gimnasta de leyenda, Carolina Rodríguez, de sobra conocida por sus más de dos décadas en el tapiz y que, tras su retirada de las grandes competiciones en los Juegos Olímpicos de Río 2016, ha seguido vinculada a este deporte a través de “clases magistrales”.

Ese es el banderín de enganche para que jóvenes gimnastas de países de habla hispana estén optando en los últimos años por buscar en el CAR de León el margen de mejora que se les hace muy complicado en su tierra, donde la gimnasia rítmica todavía se encuentra en un nivel de crecimiento pero sin la estructura que tiene en España.

Los últimos “productos” de la gimnasia hispanoamericana que están conviviendo en León con las internacionales Sara Llana o Paula Serrano son la brasileña Eduarda Carvalho, la chilena Antonia “Tonia” Echeverría y la argentina Sol Andrea Martínez Fainberg.

El caso de ésta última es diferente a las de sus compañeras de entrenamientos ya que posee la doble nacionalidad española-argentina, tras haber nacido en Oviedo, donde se inició a los 4 años en la gimnasia, para después, dada su ascendencia familiar, optar por competir con la selección Albiceleste.

Sol ya fue campeona de España alevín en 2012, pero a pesar de sus expectativas solo participó en una ocasión en un control de la Federación Española, por lo que en cuanto surgió la posibilidad de entrar en los planes de Argentina dos años después no se lo pensó y empezó a destacar en los diferentes campeonatos.

El verano pasado ya estuvo realizando una breve sesión de entrenamientos de una semana, después su presencia era intermitente entre semana, hasta que surgió la opción de desplazarse definitivamente a León para formar parte, a todos los efectos, del Club Ritmo.

“Al principio me costó, pese a la cercanía entre León y Oviedo, pero era la primera vez viviendo sola, pero al final la elección ha sido positiva en todos los aspectos, también personal y, por supuesto, el deportivo”, recalca la gimnasta, que ya debutó en la primera jornada de la Liga de Clubes Iberdrola en Zaragoza con un papel destacado.

Ella entiende esta oportunidad con el grupo de Ruth Fernández como “una inversión”, al asumir la mayoría del gasto, con una pequeña beca de la federación argentina, pero teniendo que costearse personalmente el acudir a muchas de las citas internacionales.

La brasileña Eduarda Carvalho, de 16 años, después de haber probado en 2014 la experiencia de entrenar en León y volver esporádicamente al final decidió hacerlo de manera definitiva, coincidiendo también con la prueba realizada por su hermano Gabriel que acabó quedándose en la disciplina de la Cultural Leonesa.

En su caso, como en el resto, la “inspiración” que siempre le había supuesto Carolina Rodríguez, empujó a que diera el paso buscando un margen de mejora coincidiendo con una competición que tenía que realizar en Francia.

Eduarda, que actualmente se recupera de una lesión en el hombro, ha encontrado “muchas diferencias en todo, con un gran margen de mejora en las coreografías, la fluidez o aspectos en el tapiz como la expresividad o la ejecución de cada uno de los aparatos”.

La tercera protagonista, la chilena “Tonia” Echeverría, que vuelve a su país, hubiera optado por esta experiencia aunque solo hubiera sido por convivir con Carolina, a la que idolatra “como si fuera la fan de una cantante o artista y por eso al principio estaba flotando en un sueño y costaba concentrarse”.

Reconoce la dificultad al principio para adaptarse a un trabajo más exigente “que hacía que doliera mucho el cuerpo, aunque al final una se acaba adaptando”.

Las diferencias que ha encontrado, entre el nivel de la gimnasia rítmica en Chile y España son “abismales, no es comparable”, porque en el país andino este deporte “es de elite y aquí casi es un estilo de vida e incluso, como con Sara u otras, casi una carrera profesional”.

Ellas son tan solo unos ejemplos del cartel que va adquiriendo el Club Ritmo y el CAR de León en Hispanoamérica para aquellas gimnastas que sueñan con emular a las que ven como sus grandes estrellas.

Fernando Pérez Soto